El enólogo mendocino Roberto De la Mota, el primer argentino en integrar la prestigiosa Academia Internacional del Vino (Académie Internationale du Vin), con sede en Suiza, afirmó que “la Argentina ha llevado a cabo una transformación de su vitivinicultura única en el mundo”.

Sobre su designación en esta prestigiosa institución, De la Mota dijo a Télam que “llegó de la mano del actual presidente de la Academia, Mariano Fernández Amunategui, que es un chileno quien ha escrito mucho sobre vinos. El fue el canciller de la presidenta Michellle Bachelet, y pensó que no era posible que la Academia no tuviera ningún miembro argentino”. “En base a eso vino el año pasado para la cosecha, me pidió mucha información, propuso mi nombre al plenario de la Academia, y me pidieron que presentara un trabajo, y me aceptaron”, agregó. Sobre como recibió esta importante designación, comentó: “Lo siento como un reconocimiento. Pero tiene un significado aún mayor cuando pienso en mi padre. Para él hubiese sido más importante aún, porque él le prestaba mucha atención a este tipo de cosas”. En ese sentido, su padre, don Raúl De la Mota, fallecido en 2009 a punto de cumplir 91 años, fue un verdadero visionario para la vitivinicultura argentina y la industria lo considera un verdadero adelantado, y uno de “los padres del Malbec”, debido a esto una calle de Luján de Cuyo con su nombre. “Lo que logré de mi papá es que él era un tipo muy exigente, sobre todo para sí mismo. Lo que él me enseño es que había que laburar mucho, investigar, escribir, leer, estudiar, en definitiva: no quedarse. Si hay algo que a mí me asombró de él, tuve la suerte (aunque en algún momento pensé que no lo era), de trabajar 9 años con mi viejo. No es fácil trabajar tanto tiempo con un padre, más si es un tipo tan reconocido en la misma materia que uno se desempeña”, explicó. “Pero tuve la suerte de trabajar con él, y verlo cómo hasta los últimos días de su vida siguió estudiando, siguió trabajando, y preocupándose por seguir aprendiendo cada vez más, por entender la vitivinicultura y la enología como una ciencia”. Sobre la Academia Internacional del Vino, sostuvo que “tiene una base filosófica demasiado ortodoxa. Tengo cierto reconocimiento para esa ortodoxia que ellos manifiestan, basada en los vinos de terruño. Pero es importante que ellos incorporen a los vinos del Nuevo Mundo, y en especial a los vinos de Argentina, como tan nobles como los mejores vinos de los países tradicionales. Y eso es parte del trabajo que nos toca ahora hacer a nosotros”. ”Si bien pertenecemos al Nuevo Mundo (del vino), somos mucho más que eso. La viña llegó acá hace 500 años con los conquistadores, y forma parte de nuestra cultura”. En relación al posicionamiento de los vinos argentinos en los mercados más exigentes del mundo, De la Mota afirmó: “La Argentina ha llevado a cabo una transformación y reconversión de su viticultura en los últimos 12 a 15 años que yo no conozco ejemplos en el mundo que puedan ser semejantes, o equipararse a lo que hizo Argentina”. “Ha transformado un 85% de vinos comunes, a un 80% de uvas finas en ese período tan corto de tiempo. Estamos hablando de una transformación gigante. Una inversión monstruosa que ha hecho la Argentina. Desde el punto de vista vitícola, es increíble. Desde el punto de vista enológico, también. Y hasta incluso hay un cambio también desde lo arquitectónico”, sentenció. “Yo siento que los enólogos argentinos tuvimos la suerte de empezar a hacer vinos en esta época, porque somos parte de toda esta transformación. Hemos logrado hacer vinos que son muy buenos ejemplos de grandes vinos a nivel internacional”, afirmó. Sobre el siguiente paso que tiene que dar el sector, De la Mota puntualizó: “Una de las etapas que debemos continuar es hacer más hincapié en los terruños, y diferenciar los distintos vinos que vienen de distintos lugares, y empezar a hablar de las indicaciones geográficas”. “Hay que empezar a hablar de la importancia que puede tener un lugar con respecto a otro. Nosotros no podemos ser especialistas del Malbec, y decir que tenemos (este varietal) desde Cafayate hasta el sur del paralelo 42. Hay que decir que en distintos lugares producimos vinos con distintas características, y tipicidades diferentes”, concluyó.

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