“Tengo el mejor trabajo del mundo”, bromea este francés de acento encantador, mientras hace girar su copa de vino. Pierre Lurton tienen su haber condecoraciones, como la Orden del Mérito Agrícola, que lo han puesto en el podio del vino francés y mundial. Después de 14 años con Cheval des Andes, un joint venture entre Terrazas de los Andes (del grupo Louis Vuitton Möet Hennessy) y Cheval Blanc, Pierre Lurton pensó que era tiempo de evaluar la evolución del vino, y lo hizo presentando ante la prensa toda su colección mediante una cata vertical desde 1999 a 2008. “Ya hemos estado en Argentina el tiempo suficiente como para esto”, dictaminó con su agradable español. Admirador del Malbec – variedad que los bordeleses perdieron luego de la plaga de la filoxera- el varietal emblema argentino se convirtió en la obsesión de Lurton. Cómo lograr el mejor blend. “En 2001, pusimos una mayor proporción de Cabernet Sauvignon; para mí siempre fue importante hacer un vino clásico en términos de elegancia y fineza, pero también es importante hacer un vino que sea de Argentina, por eso con el tiempo decidimos cambiar la proporción del blend, poniendo más Malbec. El Petit verdot llegó al blend para conservar la frescura del vino. Con esta combinación encontré una solución para el vino que queríamos, por el momento”, cuenta. “Probamos nuestros vinos desde 1999 hasta 2008, y creo en general que hemos creado un vino que logró el equilibrio necesario, con taninos, pero sin ser secantes al final, con una sensación voluptuosa en la boca, hemos hecho un vino para durar, esta es la definición”, remata. ¿Usted interviene en el proceso de Cheval des Andes, viene todos los años y prueba el vino para tomar estas decisiones?

Vengo todos los años en marzo, junto a mi agrónomo Pierre Oliver quien también en otros momentos del año visita Argentina, pero el equipo que tenemos en Mendoza es excelente, encabezado por Nicolás Audebert. Cada año paso tiempo en el viñedo, en la bodega, para ver la evolución de los vinos, para comparar, también recibo muestras en Burdeos y chequeamos con mi equipo de Cheval Blanc la evolución de este vino. ¿Cuántos años lleva trabajando con el vino?

Oh la! (exclama)Es una larga historia, (se ríe) llevo 34 años, comencé en Clos Forté, en Saint Emilion, un chateau que está justo frente a la iglesia de Saint Emilión, yo estudiaba medicina, y abandoné para dedicarme a la vitivinicultura. Llegué a Cheval Blanc en 1991 con la antigua familia que era dueña del chateau; luego fui contratado por el grupo LVMH cuando Cheval Blanc pasó a manos de la compañía, y me preguntaron si quería hacerme cargo de Chateau D`Yquem; obviamente que dije que sí aunque era muy diferente la elaboración de uno y otro vino!, en un chateau luchábamos contra la botrytis, en el otro, la atesorábamos (se refiere al vino Sauternes que se elabora a partir de uvas blancas botrytizadas). También tengo mi propio chateau en Entre deux Mers, Marjosse, así que vivo bajo el cielo, mirando las estrellas. ¡Digamos que tengo una vida maravillosa! A través de estas 30 décadas en el mundo del vino usted atravesó muchos cambios, ¿qué cambió para usted?

El mundo del vino atravesó muchos cambios, pero para mí hay algo que no cambia, para los winemakers de mi generación lo más importante se logra en el viñedo, y eso lo sostengo hasta ahora; la cocina del vino no es tan importante. Para los enólogos actuales es más importante la cocina en bodega, yo creo que la concentración, la producción, el manejo de canopia son los elementos más importantes para obtener un gran vino. Además de los cambios vitícolas, o de concepción en la elaboración del vino, hoy hay muchos nuevos jugadores entrando al negocio, ¿cómo ve la posición de Argentina en este juego?

En primer lugar que parece muy bueno que haya muchos nuevos jugadores en el mundo. En segundo lugar, tendríamos que comparar a los vinos de Argentina con otros vinos “éxoticos”. Diría que en su gran mayoría los vinos exóticos tienen muchas similitudes, son muy maduros, concentrados, tienen mucha azúcar. En cambio Argentina tiene el Malbec que le permite crear vinos con mucho carácter. El Malbec es como la gente de Argentina, como decimos en francés “chic & sob”, elegante y sobria, y su vino tiene mucho que ver con la gente y la tierra. Para mí el mercado para el vino argentino crecerá. En China por ejemplo, si bien no es fácil porque la gente sólo está comprando los Gran Cru bordeleses o vinos muy baratos, en algún tiempo comenzará a descubrir vinos más emocionantes, como el de Argentina, que es fresco, especiado, que va muy bien con la cocina china. Aquí hay que recordar que no es suficiente con trabajar el mercado interno, o el de Brasil y Estados Unidos, aunque son buenos mercados. ¿Cheval des Andes sí tiene oportunidad en esos mercados? Bueno, Cheval des Andes es un vino caro, vale 150 dólares en un restaurante. Pero ser parte de una gran casa como LVMH y tener la posibilidad de ser distribuido en todo el mundo, también se mueve en un ambito diferente. No es posible comparar lo que le pasa a este producto con otros productos en Argentina. Es difícil comparar, porque LVMH es un gran barco, como un petrolero que lleva cientos de marcas a todo el mundo. Nosotros somos una pequeña porción, estamos produciendo un vino icono, muy cuidado, con una producción anual de entre 40 y 70.000 botellas. Y nos va muy bien. ¿Cuál es el primer mercado para Cheval des Andes? Europa, principalmente, pero también vendemos algo en el mercado local y en algunos mercados de América Latina. Mi idea inicial era comercializar juntos Cheval des Andes y Cheval Blanc, pero LVMH tomó un decisión diferente y se quedó con la distribución de Cheval des Andes. Usted es primo de otros dos viticultores franceses en Argentina, Jacques y Francois Lurton, ¿cómo está conformada la familia Lurton, son todos viticultores?

Es un poco complicado entender a nuestra familia, porque en Burdeos somos 25 primos Lurton que poseen chateaux; tenemos unas 600 hectáreas de viñedos entre todos. Jacques, por ejemplo, dejó la familia se fue a Australia, se fue de Burdeos, Francois hizo lo mismo, primero en Chile, luego se vino a Argentina.
El que empezó con la vitivinicultura fue mi tatarabuelo, que tuvo dos hijos. El nombre Lurton llegó a Burdeos de mano de ambas familias, luego de la primera guerra mundial. ¿Cómo ve Argentina como lugar de inversión en la actualidad?

Bueno, para gente con mucho dinero, sigue siendo un buen lugar para invertir, como es el caso de la gente de Clos de los Siete tal vez. ¡Ellos constituyen un lindo club! Sin embargo, para un inversor promedio hoy Argentina está dejando de ser interesante. ¿Piensa que deberíamos marchar hacia un sistema de denominación de orige n?

No, creo que sería algo un poco peligroso; Europa tiene este sistema que tiene su lado bueno y su lado malo. Por otra parte es bueno trabajar en Argentina porque esta falta de regulaciones da libertad y esa libertad permite crear.

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