La empresa de capitales brasileños VALE adquirió la concesión del Proyecto Potasio Río Colorado en el año 2009. Luego de comenzar en 2010 con las obras previstas e invertir aproximadamente USD 2.000 millones, la empresa acaba de anunciar que suspendería temporalmente el emprendimiento desarrollado en suelo mendocino. No obstante, la VALE aclara que “continuará analizando soluciones que mejoren los fundamentos económicos del proyecto”. Previo a las suspensión, VALE había solicitado (para dar continuidad a la inversión) que se implementen desde el Gobierno Nacional argentino medidas de fomento relacionadas principalmente con la recuperación anticipada del IVA, la eliminación de retenciones a las exportaciones de cloruro de potasio, y el pago con bonos de deuda externa a valor nominal. El Gobierno Nacional se negó a ceder estos beneficios fiscales estimados en alrededor de USD 3.000
millones. En este contexto, debe destacarse que las razones por las cuales el proyecto de VALE se tornó temporalmente inviable obedecerían a causas externas e internas. Desde la perspectiva externa, los principales minerales comercializados por VALE (entre ellos, el más relevante para la empresa es el mineral de hierro) vienen experimentando una importante reducción en sus precios internacionales desde mediados del año 2010. El menor crecimiento mundial redujo la demanda de commodities minerales y esto impactó adversamente en el precio; en el caso del hierro mineral su precio disminuyó (a pesar del reciente rebote) un 25% durante los últimos dos años (a octubre del año pasado, el precio había descendido un 50% en un año y medio). Esta situación impactó el pasado año en las finanzas de la empresa, la cual redujo casi un 60% el resultado operativo entre 2011 y 2012. Una proporción importante de las inversiones de la firma VALE se financian con las ganancias globales obtenidas por la empresa. Por ello, la coyuntura financiera contribuyó para que la firma revea sus proyectos y decida suspender en los últimos meses dos emprendimientos relevantes en ejecución, entre ellos el de Potasio Río Colorado de Mendoza. Sin embargo, los factores externos se conjugaron con las graves distorsiones que hace años viene sufriendo la economía argentina. Inicialmente, VALE estimó que el proyecto Potasio Río Colorado demandaría una inversión cercana a los USD 6.000 millones destinada principalmente a la construcción de la mina, a generar infraestructura de transporte, a la construcción de una terminal portuaria propia y una generadora de electricidad. No obstante, en el transcurso del tiempo la estimación de la inversión total en dólares se fue incrementando hasta superar actualmente los USD 10.000 millones. Es decir, en casi dos años y medio, la inversión proyectada aumentó un 60%. Ante este incremento, la firma sostiene que las condiciones han afectado el atractivo del proyecto. El aumento en la inversión prevista se corrobora en parte con el incremento en determinados ítems críticos de costos. Por ejemplo, el costo de materiales de la construcción (uno de los componentes más importantes en el proceso de inversión inicial de la mina) expresado en dólares creció un 43% entre mediados de 2010 (inicio de actividades) y la actualidad; mientras que el costo de mano de obra de la construcción expresado en dólares se elevó un 55%. Un dato a destacar es que el pedido de beneficios de la empresa VALE al Gobierno Nacional resulta justamente similar al incremento de costos que habría experimentado el proyecto desde su inicio hasta la actualidad. Como se ha expresado innumerables veces y en los más diversos ámbitos, la inflación y el atraso cambiario son aspectos nocivos para la competitividad y para proyectar inversiones de largo plazo.

Realizar un análisis contra‐fáctico es complejo, pero es importante preguntarse qué hubiese sucedido si desde que comenzaron las obras en la mina los costos en dólares se hubiesen comportado como en una economía sana, es decir se hubieran mantenido estables en lugar de crecer casi un 50%. Probablemente, los pedidos de VALE al Gobierno y el desenlace final podrían resultar diferentes.
¿Cuáles son los Costos Sociales y Fiscales para Mendoza? El costo social más sensible ante la suspensión del proyecto sin duda reside en el empleo que podría perder la Provincia y la consecuente reducción de los ingresos familiares. La cantidad total de empleo actualmente relacionado con la inversión en Potasio Río Colorado aproxima los 11.500 puestos (4.500 directos y 7.000 indirectos), y su continuidad (con diferentes ciclos) estaba garantizada hasta el año 2015. A partir de entonces, la mina preveía entrar en operaciones para lo cual demandaría de manera estable alrededor de 2.300 puestos directos e indirectos.
Los puestos de trabajo relacionados con la fase actual del proyecto se ubican en 250 empresas locales, pertenecientes a sectores muy diversos de la economía provincial como industria (metalmecánica y maquinarias), transporte y logística, construcción y servicios profesionales. Para dimensionar la importancia de la inversión minera en términos ocupacionales puede destacarse que el empleo total involucrado representa hoy el 4,6% del empleo privado de Mendoza, y el 20% del empleo privado generado por los sectores productivos directamente relacionados con la demanda del proyecto. Desde otra dimensión comparativa, en la actual coyuntura ocupacional, donde la creación neta de empleo se está desacelerando notablemente desde mediados de 2011, la cantidad de puestos de trabajo relacionados directamente con el Proyecto Potasio Río Colorado es igual a la cantidad de empleos privados que se crearon en el último año (unos 4.500 puestos), y la cantidad de empleo directo e indirecto relacionado con el proyecto representan a más del doble del empleo neto que el sector privado provincial crea en un año. Dicho de otro modo, la economía Provincial, al ritmo actual de crecimiento, necesita un año para crear el empleo directo involucrado al Proyecto Potasio Río Colorado, y casi dos años y medio para cubrir el empleo directo e indirecto. Esto marca claramente que el impacto agregado para el conjunto del mercado laboral es sumamente relevante. Sin dudas, una parte apreciable de la dinámica económica local ha sido generada a partir de este emprendimiento minero, por lo que su incidencia en el corto y mediano plazo será difícil de compensar en términos ocupacionales en la medida que no existan otros proyectos de similar magnitud. Por lo pronto, la eventual supresión del proyecto impactará adversamente no solo sobre todo el empleo directo, sino también en una porción relevante del empleo indirecto
generado cuya principal fuente de sostenimiento es el vínculo con la empres VALE. Desde otra perspectiva, en términos fiscales el proyecto minero también resultaba estratégico para Mendoza en un contexto en el cual los desbalances estructurales financieros que sufre la Provincia claman por fuentes adicionales de recursos. El ingreso adicional (proveniente de regalías mineras e ingresos brutos) que podría haber generado el proyecto se aproxima (tomando el precio actual del cloruro de potasio) a los 170 millones de pesos anuales en una primera etapa, y a los 305 millones de pesos anuales en una segunda etapa cuando se alcanzara el nivel pleno de producción. Comparando estos ingresos con las finanzas actuales, los recursos fiscales generados por el Proyecto Potasio representan hoy, por ejemplo, casi lo mismo que la recaudación anual del impuesto automotor ($ 330 millones) y más que la recaudación anual del impuesto inmobiliario ($230 millones). A su vez, los ingresos fiscales potenciales del proyecto representan el 4% de los ingresos anuales de origen provincial y el 13% de la obra pública provincial anual. En definitiva, si bien aún podrían existir instancias abiertas de negociación, la temporal suspensión del proyecto Potasio Río Colorado amenaza con generar un impacto agregado sumamente adverso para la economía de Mendoza. Esta suspensión agravaría aún más el escenario por el que transitara Mendoza en 2013, con un sector privado cuyo dinamismo en su conjunto se ha desacelerado notablemente (hasta rozar el estancamiento) debido a un modelo económico cuyas inconsistencias se tornan cada vez más evidentes también en el campo laboral. Fuente: Fundación Ideal
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