En Cuyo, la botella de vidrio es sinónimo de vino desde hace siglos. Pero eso podría cambiar, porque la Federación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (Fecovita) ya concretó todas gestiones para poner en el mercado 50.000 unidades envasadas en plástico. Algo impensable hasta hace poco. La primera partida que sacaron es de la marca Pirueta.

“En Fecovita venimos trabajando en alternativas al vidrio. En cuanto a los envases de plástico, hemos realizado ensayos técnicos y han funcionado bien. De hecho, esta partida que salió servirá para evaluar la percepción de los consumidores”, comentó Marcelo Federici, directivo y sponsor de innovación en Fecovita.

El ejecutivo detalló que se trata de una partida de la marca “Pirueta”. Es el mismo producto que justo antes de la pandemia empezó a comercializarse en lata.

Los intentos previos con otras botellas

En las últimas décadas se hicieron varios intentos de innovar en los envases. El tetrabrik quedó asociado a los vinos baratos, al igual que el pouch o “sachet”, aunque por cuestiones técnicas este último no fue tan difundido.

Y en lo que respecta a los envases de plástico, se presentó un problema fundamental: no existían materiales que sellaran el vino.

Los tanteos iniciales se hicieron con botellas que eran similares a las que se utilizan para envasar soda, por ejemplo. Y en esa industria -la de la soda- la filtración de oxígeno no es un inconveniente insalvable. Pero en el caso de los vinos, la entrada de aire puede arruinar el producto.

La investigación avanzó. Así es como algunos productores aprendieron que dependiendo del tipo de vino convenía utilizar uno u otro material. Una especie de “maridaje” con los envases.

“Hay que usar el polímero correcto para cada alimento que vos estés utilizando. -apuntó Federici-: “En el caso del vino, hay algunos tipos que vas a poder poner en esos envases y otros que no”.

La intrincada relación entre pandemia, guerra y botellas de vino

Sobre ese panorama, la pandemia inició un proceso interesante: la suba en el consumo hogareño, sumada a los problemas de producción, hizo que la industria cristalera no alcanzara a satisfacer a la demanda creciente. La humanidad empezó a empinar el codo y no había forma de adecuarse a su ritmo.

Y cuando al coronavirus pareció amainar, la guerra en Ucrania disparó los precios de la energía. Como consecuencia, operar en los grandes hornos donde se fabrican las botellas se volvió más caro.

Es en ese contexto de “tormenta perfecta” que el envase de plástico puede tener su oportunidad dorada. “Además -añadió Federici- hay un tema de transportes. Una botella de vidrio pesa diez veces más y ocupa más espacio que una de plástico. O sea que hay una diferencia logística muy grande”.

Es más: se pueden traer las proformas e “inflarlas” en el lugar de llenado, lo cual deja libre mucho espacio en los camiones que transportan el material.

Todos esos kilos de vidrio que se ahorran hacen que la huella de carbono del plástico sea menor. Aún llenas, las botellas de polímero pesan mucho menos y por ende se usa menos combustible para transportar cada unidad.

“Un camión -especificó el referente de Fecovita- te carga 28 toneladas. De eso vos estás transportando aproximadamente 17 o 18 mil kilos de vino; el resto es cartón, vidrio y corcho. Pero cuando vos trabajás con un envase tan liviano como el de plástico, lo que estás transportando son quizá 25 toneladas de vino. Hay una gran diferencia”.

En otras palabras, la opción plástica debe pensarse no sólo mirando el envase, sino considerando toda la cadena logística y valorando el impacto ambiental.

Después de todo, una botella de tereftalato de polietileno (PET) tarda entre 100 y 1000 años en biodegradarse, mientras que una de vidrio se biodegrada en 4 o 5 mil años.

Cuáles son los tipos de vino que se envasan en plástico sin problemas

Sería absurdo poner un vino dos años en bodega en un envase de plástico. Lo cierto, no obstante, es que no todos los consumidores optan por esa línea premium.

Y los ensayos muestran que los vinos que mejor funcionan con los envases plásticos son los que se venden de forma relativamente rápida. El lapso breve entre el llenado y la venta impide que se filtre oxígeno al interior.

Por último, otra de las ventajas que -de acuerdo con Federici- puede ofrecer el plástico es la posibilidad de reciclar.

“Normalmente las botellas que se usaron en la industria vitivinícola no se reutilizan para vino, pero con ellas pueden hacerse diversos materiales, como por ejemplo ladrillos para la construcción. De hecho, en Junín ya se están haciendo ladrillos con Pet”, señaló el integrante de Fecovita.

Allá por los 70, el consumo per cápita en Argentina era de unos 90 litros al año. Hoy anda por los 20 y aún así faltan botellas. Si se pretende subir el consumo o recuperar terreno, habrá que cubrir a esos nuevos consumidores de alguna forma. El plástico, siempre que se trabaje con responsabilidad, asoma como una salida posible.