Los vinos argentinos continúan perdiendo mercados en el exterior. El alza interna de costos y la imposibilidad de trasladar esas subas en igual medida a los precios fuera del país siguen impulsando una caída de la competitividad, sobre todo en los vinos de baja y media gama, en los envíos a granel y en mostos.

En el primer trimestre, cayó un 27,4% la exportación de vinos en volumen, a 67,57 millones de litros, y un 6,9% en dinero, a u$s 194,65 millones FOB, frente a igual lapso de 2012. Estas bajas son impulsadas principalmente por el fuerte descenso a granel, de 51,9% en litros y 43,8% en dólares. La venta de mostos se redujo 26,2% en volumen, a 17,35 millones de litros, y 2% en dinero, a u$s 44,75 millones. Tanto en vinos a granel como en mostos, la fuerte baja se explica por el alza de los precios promedio, de 16,9% y 32,9%, respectivamente, que los tornó menos competitivos frente a envíos de este tipo de otros países, como Chile y España. En tanto, en vinos fraccionados, la baja fue de 3,5% en litros, con un leve alza de 0,4 en dinero, en virtud de la relativa estabilidad de las ventas en botella y la continua caída en tetra-brik (-22,3% en volumen y valor). En el caso de las botellas, al igual que los meses previos y durante 2012, siguen creciendo las ventas de gama medio-alta y alta (de u$s 29 a u$s 90 por caja) y retroceden los de baja y media gama (de menos de u$s 29 y, sobre todo, de menos de u$s 18), afectados por la inflación. “Dejamos de ser competitivos en granel; ante la pérdida de competitividad, vinos que antes se fraccionaban pasaron a enviarse a granel. Pero provienen de viñedos de menor rendimiento por hectárea que los que se envían, por ejemplo, desde Chile, especialmente elaborados para granel. Así, no se puede competir. A esto se agrega que, por la crisis, España vende vino barato, con ayudas de la UE, con los cuales tampoco se pueden competir”, explicó Juan Carlos Pina, gerente de Bodegas de Argentina, una de las cámaras del sector vitivinícola. La salida, dicen las bodegas, no pasa tanto por ajustar el tipo de cambio, sino más bien por poner un freno a la inflación. “El mayor problema son los costos, no el dólar. No pedimos nunca una devaluación, porque aunque se fije el dólar a $ 7, al día siguiente todo vuelve a aumentar de nuevo. Si no frenamos de alguna manera el aumento de costos, va a ser muy difícil seguir”, destacó Pina. Las bodegas están preocupadas, además, por la demora en la devolución de los reintegros a las exportaciones por parte de la AFIP Tributan 5% de retención y reciben 6% de reintegro, pero, dicen, bastante tiempo después. “Desde octubre, adeudan u$s 30 millones. De ellos, u$s 11 millones están disponibles para ser devueltos, mientras que el resto está bloqueado por alguna deficiencia administrativa; falta algún comprobante o el importador aún no pagó, y no se reintegra. Pedimos que al menos devuelvan esos u$s 11 millones; las retenciones se pagan cuando se hace el embarque, pero los reintegros, muchos meses después. Antes, los devolvían a tres o cuatro meses; luego, a seis. Ahora superamos ese tiempo, que quita capital de trabajo a las bodegas”, advirtió Pina. Con respecto a los envíos en botella, crecen las ventas a Estados Unidos y Canadá, principales destinos, pero caen fuerte a Brasil. Fuente: El Cronista

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